Noviembre 22, 2019




Cannabis: ¿La industria “de nadie”

Colombia tiene tanto potencial en la producción y comercialización del cannabis medicinal, como incertidumbre en el marco regulatorio y en la agenda del gobierno en esta materia. 

Por: Ecannomy y dani

El mismo día en que el ministro de Deporte colombiano, Ernesto Lucena, declinara el nombramiento como encargado ad hoc para el control del cannabis medicinal, la revista Bloomberg publicó un artículo en el que dejaba en evidencia una gran paradoja: el potencial económico del país en este sector es enorme, sin embargo, la oportunidad parece ser proporcional a los obstáculos regulatorios que existen para su desarrollo.  

“Los ingresos del sector en Colombia se han proyectado a aumentar de 99 millones de dólares en 2020 a 791 millones en 2025, de acuerdo con una investigación desarrollada por Fedesarrollo” resalta el reportaje. Sin embargo, apunta que “El sector ha sido frenado por un complicado sistema regulatorio y de permisos”. 

Esta lectura, que no solo se circunscribe a un medio de comunicación, responde en gran medida a tres razones fundamentalmente: 

1. La ausencia latente y evidente de liderazgo desde el Gobierno Nacional para el control –y acompañamiento- al desarrollo del sector.

2. La falta de claridad conceptual con respecto al tratamiento de las diferencias entre el cannabis medicinal y el recreativo

3. El farragoso escenario jurídico y regulatorio que enmarca actualmente a la industria. 

Y es que tanto la recusación del ministro de Deporte al encargo del presidente Iván Duque, como la de José Manuel Restrepo, ministro de Comercio, Industria y Turismo, que se declaró impedido, no solo acentúan la complejidad del nombramiento, sino que desnudan la falta de pulso del Ejecutivo para  concretarlo.

Esta situación deja entrever que desde esta rama del poder político, o no se entienden a cabalidad las exigencias del rol u omiten las características básicas que requiere esa posición, las cuales abarcan desde la demostración de experticia en el sector, pasando por la proximidad profesional con sus actores (manejando altos grados de de objetividad), hasta la inexistencia de impedimentos o conflictos de intereses. 

Sea cual fuere la razón de los desatinos, lo cierto es que todavía el barco no tiene capitán y los marineros se sienten impacientes. 

El siguiente escollo consiste en la confusión conceptual entre el cannabis medicinal y el recreativo, que no es un asunto de purismo. Es tan relevante que las imprecisiones al respecto son las que sostienen y profundizan el estigma, la desconfianza y la reticencia generalizada alrededor del producto, sus derivados y su utilización.  

Y esto sucede en ámbitos tan diversos como lo son la opinión pública y el mismo mundo deportivo, donde la distinción de lo que cruza la línea del dopaje sigue siendo objeto de debate, pese a que organismos como la propia Agencia Anti-Doping de los Estados Unidos, han señalado que el uso de cannabidiol (CBD) no está prohibido dentro de sus competencias, de hecho, existen productos  que cuentan con su aprobación explícita, como el caso del Epidiolex. 

En otras palabras, es tiempo de entender que marihuana recreativa y cannabis medicinal son cosas diferentes. 

Ahora bien, aquí el asunto consiste en que hay una enorme oportunidad en pedagogía dentro y fuera del sector, en la que todos los actores involucrados tenemos una responsabilidad innegable, incluyendo – una vez más – al propio Gobierno Nacional. 

No solo importan los guiños, sino los esfuerzos por educar y estimular la normalización de un sector con grandes potencialidades económicas, sociales y científicas. 

Y finalmente, ha llegado la hora de darle sentido y desarrollo a ese primer esfuerzo regulatorio que se materializó en la Ley 1787 del 2016. 

Un primer paso, por ejemplo, es mejorar la arquitectura  institucional para atender las solicitudes – entre otras – de las licencias requeridas para que los empresarios se involucren de lleno en el negocio. Sobre este punto, el propio ministro de Salud, Juan Pablo Uribe, ha señalado la incapacidad actual de su entidad para gestionar dicha demanda. 

El tema medular reside en que es un sector que debe ser regulado, pero que debe hacerse con dinamismo, interés y velocidad. La norma, que tiende a desincentivar la participación, debe en este caso, estimular el involucramiento de jugadores que cumplan con los requisitos, pero hacerlo de manera transparente y oportuna.  

Y aquí volvemos al principio: sin un liderazgo claro desde lo institucional, dificilmente se puede trazar una agenda país que instale una conversación libre de imprecisiones y desinformación, que oriente a los interesados y que finalmente aporte conocimiento a la sociedad en general.  

Se requiere de una figura que, como diría un refrán, “conozca, recorra y muestre el camino”. La oportunidad de cortar esta suerte de bucle disfuncional, sin caer en ligerezas, recae en la voluntad del gobierno en ponerle capitán a este barco que en el mundo y en Colombia, ya zarpó. 

 Es el momento de convertir a la industria de nadie, en la oportunidad de todos.

Fuentes 

Colombia, Notorious for Illicit Cocaine Trade, Embraces Cannabis – Bloomberg

¿Las medidas del gobierno ayudarán a impulsar el negocio del cannabis? – Revista Dinero

Ministros: impedidos para abordar políticas sobre cannabis y debatir sobre proyecto minero – W Radio

bye,

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Daniel Vanegas

Dani es un profesional apasionado por inspirar personas y desarrollar negocios sostenibles, brindando altos índices de bienestar a la comunidad.

Como Directivo de People Operations con más de 20 años de experiencia internacional, formó parte de empresas farmacéuticas multinacionales dentro de diferentes mercados latinoamericanos.

Es Emprendedor con destreza en gerencia de negocios, cambio organizacional y diseño y ejecución de planes estratégicos.

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